viernes, 4 de octubre de 2013

Un regalo para toda la vida





     Un buen amigo chileno, que me saca un par de años de experiencia en esto de ser padre y con el que coincido en muchos pensamientos, me recomendó leer los libros de Carlos González, un pediatra del que hasta ese momento lo desconocía todo. Semanas más tarde, sentados al pie de un busto de Don Bosco en el patio de Antiguos Alumnos Salesianos, mientras comíamos un arroz, volvió a salir a relucir el nombre de este pediatra. Una amiga de mi hermano, madre de dos hijos, coincidía plenamente con Nathaly sobre la importancia de dar el pecho a tu bebé y también nos recomendó leer los libros de Carlos González.

     Una mañana, mientras Nathaly estaba en la peluquería, Matías y yo pasamos por la librería Luque  para preguntar por, el tan famoso como desconocido para mí, Carlos González. Sólo tenían dos libros: "Mi niño no me come" y "Un regalo para toda la vida"; como de momento no tenemos el problema de que Matías no nos coma, me quedé con el segundo libro y, en el poco tiempo libre que me dejan unas vacaciones en Andalucía, lo empecé a leer.

     Aunque Nathaly y yo no precisábamos de nadie que nos convenciera de las bondades de la leche materna, reconozco que leer el libro me ha sido de gran ayuda y que si lo hubiésemos tenido antes, probablemente no hubiésemos cometido algunos pequeños errores, quizá nos hubiésemos evitado algún dolor innecesario y, tal vez, yo no hubiese tenido algunas dudas que, afortunadamente, Nathaly se encargó de sacudir rápidamente.

     La lactancia materna es la forma natural y, por tanto, la mejor de las formas de alimentar a un bebé, de hecho, la lactancia es mucho más que eso, Carlos González la define como "un regalo, aunque sea difícil saber quién da y quién recibe".

     A pesar de ser la forma natural con la que nuestros antepasados han criado a sus hijos y con la que se siguen criando en la mayoría del planeta, la realidad es que en nuestro mundo "moderno y civilizado" durante el último siglo muchísimas madres han perdido los referentes, han sido horriblemente aconsejadas, guiadas, inducidas y cautivadas por las supuestas bonanzas del biberón y la leche de fórmula -nombre que parece sonar muy bien a algunos oídos, pero que no es más que leche de vaca adaptada para el consumo de un bebé-. Así ha sido frecuente en los últimos años ver cómo al más mínimo problema y con la excusa más peregrina las madres tiraban la toalla y se encomendaban a la "bendita" tetina de látex para alimentar a sus bebés.

     Al parecer esta "moderna" tendencia ya ha empezado a remitir y cada día son más las madres que no tienen ninguna duda acerca de qué es lo mejor que pueden dar a su bebé.

     Matías, recién nacido, no tenía una buena técnica y el principio de la lactancia resultó tan doloroso que, reconozco, más de una vez tuve dudas y estuve a punto de comprar una lata de leche en polvo. Con la ayuda de alguna matrona y mucha, mucha paciencia y una férrea voluntad a pesar del sufrimiento, Nathaly fue encontrando la mejor manera de colocar a Matías y él fue adquiriendo la técnica precisa. A los pocos días desapareció el dolor.  Si hubiese leído el libro de Carlos González antes de nacer Matías, estoy convencido de que habríamos sabido cómo colocarlo mejor y le hubiésemos evitado durante las primeras semanas el uso de un chupete, que ahora detesta, y algún que otro biberón de agüita con anís.

     Ni soy integrista, ni creo en gurús, ni soy fácil de convencer, mucho menos soy de opinión variable. Antes de leer "Un regalo para toda la vida", Matías ya tomaba el pecho perfectamente y su curva de crecimiento era óptima. Sí que soy agradecido y por eso no sólo doy las gracias a las dos personas que nos hablaron de este pediatra maño, como el comadrón que ayudó a nacer a Matías, sino que también me gustaría dar continuidad al regalo que me hicieron y aprovechar -ahora que parece que tengo algunos primos y primas que van tener hijos o que se lo están pensando y que mi querida hermana está a punto de hacerme tío de una niña- para aconsejarles que lean este libro y que después decidan por sí mismos. Sólo puedo agradecer la coherencia, la pasión y sinceridad con la que el doctor Carlos González habla para todos, padres y madres, primerizos y veteranos, de algunas cosas que casi habíamos olvidado y de algunas mentiras que a saber porqué nos contaron.

     Matías está a horas de cumplir tres meses y mama cuando y donde quiere. En este tiempo ha mamado felizmente en casa, en el jardín, en un cine de verano, en la catedral de Oslo, en el Patio de los Naranjos de Córdoba, en mitad de un Via Crucis Magno, en el Rocío, en Nerja, en montones de cafés y tabernas, en un teatro de pueblo, en más de una reunión de trabajo y también, hoy, en una reunión de banco. Matías pesa un poco más de siete kilos y durante muchos meses más seguiremos dándole el mejor regalo, un regalo de estos primeros años para toda su vida.



   

jueves, 3 de octubre de 2013

Ruiseñor del Adarve 2



     En cada regreso a Córdoba, Priego es una parada irrenunciable. Esta es la primera vez que paseamos a Matías por las calles del pueblo más bonito de Córdoba.
     Aunque hemos intentado madrugar, son casi las 11 de la mañana cuando salimos de la Cafetería Río, por delante tenemos un "papeleo", un paseo por el barrio de la Villa, un trago de agua en la Fuente del Rey, mucha familia a la que saludar y una cita ineludible.

     Aprovecho el tiempo que, al parecer, se tarda en fotocopiar un DNI y preparar no sé qué papeles, para ir a cortarme el pelo. A la hora prevista estamos de vuelta y nos pasan a la salita de espera. Matías duerme, Nathaly y mamá ojean viejas revistas y yo no puedo evitar oír la conversación del compañero de espera, de su enfado y la mitad de diálogo, del que es imposible abstraerse, es fácil deducir que en todas las familias cuecen habas y que en todas las familias hay un listo o dos. Si el compañero de espera pudiese escuchar mis pensamientos igual que yo escucho sus gritos...

     Casi dos horas más tarde Matías ya no duerme, las revistas se han acabado y yo tengo ganas de decirle al compañero desconocido que en todas la familias hay por lo menos dos listos y que estoy hasta los mismos de los listos y de estar esperando para echar una firmita. 
     A pocos minutos de la hora de la cervecita y la tapa por fin nos hacen pasar. Mamá y yo entramos a la cueva disfrazada de despacho casi elegante y recibimos un saludo gélido y una orden camuflada de amabilidad: "siéntense, siéntense". En ese momento la palabra se hace sonido gutural apresurado y tengo la sensación de asistir como público invitado al casting para presentar la nueva temporada de Pasapalabra. El trámite queda resuelto en dos minutos y abandonamos la cueva un poco más pobres de lo que entramos. Quiero decirle a mi madre eso de:  "ves, por esto dejé la "carrera", porque no quería terminar siendo "alguien", alguien que mirar sin ver, que oye sin escuchar y que desconoce el placer de la lectura y lo bueno para la salud que es ser amable". Nathaly y Matías están en la sala de espera, los miro, las nubes se disipan y me guardo mis pensamientos. Mi madre en realidad ya lo sabe y, aunque le cueste confesarlo, está orgullosa de que no sea "nadie".

      Al final lo que más me molesta del asunto del papeleo es que hay que forzar el paso para llegar a nuestra cita ineludible. Nuestro amigo siempre tiene todo el tiempo del mundo y su mejor sonrisa en los labios cada vez que Dios y el Universo tienen a bien que coincidamos. Es lo bueno de ser una estatua bajo el Sol de Andalucía, un Sol que hoy está especialmente duro a esta hora de la comida. En su primera visita a Priego, Matías no podía faltar a su cita con Joselito;  la "tonta" tradición familiar que nos inventamos y que ojalá dure muchísimos años, señal de que no somos nadie, no tenemos prisa y seguimos siendo felices, señal, quizá, de que con Erik, Kevin y Matías hicimos un buen trabajo y señal, puede, de que a ellos también les hace ilusión asomarse al balcón del Adarve y saludar al, siempre niño, Joselito.

    


     Cambiamos el "buchito" en la Fuente del Rey por un café con la tita Carmen y la tarde se va alargando y Matías pasando de abrazo en abrazo: repasamos viejas fotografías con su bisabuela, en Tójar le regalan ropita hecha a mano con poca lana y mucho cariño, en el Cañuelo se escapa alguna lágrima y esta vez no soy yo el llorón, en Lucena nos esperan impacientes mis tíos y celebramos que estamos juntos y que podemos hablar y recordamos los tiempos en que yo tenía pocos más años que Matías y se escapa alguna lágrima más, y esta vez tampoco soy yo, y Matías recibe piropos y besos y regalos. El día se alarga hasta el día siguiente y cenamos -invita mi tito Pakisko que recién se jubiló y que pronto será abuelo- y enviamos "whatsapp" y empezamos a preparar el bautizo de Matías y estamos contentos, pero igual echamos en falta a todos los que faltan a la mesa en esta cena de fiesta improvisada. 

martes, 1 de octubre de 2013

Velá de la Fuensanta


     
      Hace tantísimos años que no recorro estas calles que, reconozco, me hubiese costado encontrar el camino de mi casa al Santuario de la Fuensanta. Seguro que hubiese terminado por encontrarlo, Córdoba es una ciudad muy manejable y tarde o temprano nada tiene pérdida; pero seguro también que, sin mi hermano ejerciendo de guía, hubiese dado un par de revueltas hasta encontrar el Santuario y la Plaza del Pocito, donde, nada más llegar, el carácter popular y participativo de la fiesta se hace evidente: visitantes y vecinos del barrio hacen cola y guardan turno para participar en la "gran sardinada" que repartirá gratuitamente centenares de kilos de sardinas asadas. Aunque falten las brasas y el tempo lento con el que se asan los espetos malagueños, la plaza de secano se llena de un inconfundible olor marinero.
     


     Sólo guardo el recuerdo confuso de alguna noche de "Velá", un recuerdo que tiene una parte de decepción. De pequeño me habían contado que la "Velá" era la feria de otoño de Córdoba, la segunda feria y, con mis ojos de niño, la comparación de esta feria pequeñita, con pocos "cacharritos", con casi ninguna caseta; con la Feria de Mayo de Córdoba resultaba un absurdo. 
      A pesar de la decepción inicial, conservo con cariño más de un momento: mirar atónito ese caimán inmenso que colgaba de la pared y que nadie acertaba a explicarme cómo había llegado hasta allí y el regreso a casa soñoliento y en brazos o caminando -qué frágil es la memoria- colgado de o junto a mis padres. 
     Pasaron los otoños cordobeses y la "Velá" quedó en mi infancia cada vez más eclipsada por la Feria. Quedó, eso sí, una vieja campanita, cada año más amarilla, adornando una estantería de mi armario.



     El barrio de la Fuensanta es un barrio obrero que se ubica en el distrito sureste de la ciudad. La "Velá" es su fiesta mayor y no es ni la feria de otoño, ni la segunda feria de Córdoba. La "Velá" se celebra alrededor del día 8 de septiembre en honor de la Virgen de la Fuensanta, copatrona de Córdoba. Al igual que el día de San Rafael, el día de la Virgen de la Fuensanta está señalado en el calendario cordobés como fiesta local. 
     Desde su origen, allá por el año 1420, por motivo de unas curaciones milagrosas y el descubrimiento-aparición de la imagen de la Virgen a un cardador,  la "Velá" ha pasado por momentos de esplendor y de prohibición, de mayor o menor participación, pero manteniendo siempre sus signos de identidad religiosos y paganos, representados por el culto a la imagen de la Virgen de la Fuensanta y la visita al Caimán; intentando siempre que los vecinos del barrio se involucren en una fiesta que intenta trascender lo puramente religioso y servir de lugar de encuentro para generar debate y propuestas entre los vecinos de Córdoba. 
     


     
     El día 8 de septiembre Córdoba celebra el día de la Fuensanta,  copatrona de la ciudad. 

     Cuenta la leyenda que Gonzalo, un pobre artesano de principios del siglo XV, tenía a su mujer e hija muy enfermas y que una tarde de verano, no sabiendo ya qué más hacer por ellas, se puso a andar sin rumbo fijo y que a la orilla del río se encontró con dos mujeres y un muchacho y que una de las jóvenes se le acercó y le dijo "Gonzalo, toma agua de aquella fuente que está bajo los árboles y dásela a tu mujer y a tu hija para que la beban y sanarán de sus enfermedades".
     Gonzalo, que era muy devoto de la Virgen María, enseguida quiso creer que era Ésta quien le hablaba y que los jóvenes que la acompañaban no podían ser otros que San Acisclo y Santa Victoria, patronos de Córdoba. El joven desconocido vino a confirmarlo en su creencia al hablarle de este modo: "Haz lo que te dice la Madre de Jesús, que mi hermana Victoria y yo somos los patronos de esta ciudad". 
     Al pie de una higuera, Gonzalo encontró el agua milagrosa, pero al volver la vista atrás ya no halló ni rastro de los tres aparecidos. Corrió a su casa y dio de beber el agua milagrosa a su mujer e hija que al poco tiempo se curaron de su enfermedad y, al igual que ellas, otros muchos vecinos que, padeciendo  males diversos, bebieron de las aguas milagrosas.  
     Cuenta también la leyenda que la imagen que se venera en el Santuario y que procesiona cada 8 de mayo fue hallada de la siguiente manera: años después de la aparición de la Virgen a Gonzalo, un ermitaño moribundo fue a beber de las aguas y resultó curado. Escuchó el ermitaño una voz que le dijo que en el tronco de la higuera que crecía junto a la fuente milagrosa los cristianos habían ocultado la imagen de una Virgen para salvarla de los moros. El ermitaño contó al Obispo lo que había oído y éste mando cortar la higuera, apareciendo allí la talla de la Virgen.




     Sobre la aparición del caimán son varias la leyendas que circulan y, aunque hay quien apunta que apareció misteriosamente en el Guadalquivir, lo más probable es que, vivo o muerto, lo trajese algún aventurero que regresara desde "las Indias".
    El caso es que, cada día más deteriorado, cuelga junto a una costilla de ballena, de una de las paredes laterales del Santuario, que es visita obligatoria para niños y mayores y que se ha convertido en uno de los símbolos de Córdoba. 


     Primer día de Matías en Córdoba y, guiados por mi hermano, llegamos a la Plaza del Pocito, huele a sardinas, hay una larga cola de vecinos que esperan su racion. Llevo en brazos a Matías y le enseño el caimán, compramos algunos recuerdos y entramos a ver a la Virgen, Fuensanta, María Auxiliadora, Rocío... paseo con Matías por el Santuario, le cuento de la Señora y hacemos planes. 
     En la Plaza cuesta encontrar mesa y sillas libres, la cola en demanda de sardinas asadas ha crecido y los platos con raspas se van acumulando. Mi hermano caza una mesa y pescamos cuatro sillas entre las mesas que nos rodean. Cambiamos las sardinas por unas cervezas muy frías y unos pinchos morunos. Matías acaba de comer y ahora está en mis brazos, en el escenario canta el grupo cordobés "Oro y Plata", de repente parece que no hay nadie en la plaza y me veo regresando a casa soñoliento a ratos de la mano, a ratos en brazos, caminando junto a mamá o colgado de papá y veo la vieja campanita amarillenta en una estantería de mi armario; miro a Matías y los recuerdos y los sueños se me amontonan en los ojos y no puedo pararlos y Nathaly se ríe entre lágrimas y mi madre me dice tonto y mi hermano también se emociona pero pone cara de "no me lo puedo creer" y Matías me mira y yo no paro de besar su cabecita y la Plaza recobra vida y una feliz bulla nos rodea.
Aparecen los "Salado" y Paco Pacheco y familia, el círculo de sillas crece en torno a la mesa y Matías, tan chiquitito,  en el centro, tiene ya hasta su primera pretendiente.
     Para ayudar a la frágil memoria quedan estas fotos de una de las mejores "Velás" de la Fuensanta que recuerdo. 




     Quién sabe cuándo tendremos la oportunidad de volver otro 8 de septiembre a Córdoba, quién sabe si quiera si podremos volver alguna vez en septiembre, por si acaso Matías ya tiene una pequeña campanita de la Fuensanta que se irá poniendo cada año más amarilla y que mirará de vez en cuando mientras le contamos la historia de la Virgen, del caimán y de su primera visita a Córdoba. 


jueves, 5 de septiembre de 2013

La nana del Sur


    Matías cumple hoy su segundo mes y mañana viaja por vez primera a Andalucía, por eso queremos regalarle esta Nana del Sur, una nana por sevillanas, una nana andaluza.
     La historia que cuenta esta nana, sus detalles, tiene muy poco que ver con la historia de Matías, la de su padre, yo, y la de su abuelo, mi padre; pero si pasamos por alto los detalles, en el fondo, reduciendo la letra al estribillo,  esta nana habla también de Matías.

     La realidad, querido hijo, es que tu abuelo no tuvo que emigrar, ni siquiera tuvo que moverse de Andalucía y,  aunque al principio sí que la recorrió en buena medida, desde que yo empecé "parvulitos" nos quedamos viviendo en Córdoba. Guardo, eso sí, el lejano recuerdo de esperarle cada viernes y abrazarme a él y recibir mi tebeo del pato Donald (con que facilidad entre él y mi abuelo Agustín me inculcaron el amor por la lectura).
     La realidad, terrible y odiosa en este caso, es que tu abuelo, que sin duda habría sido el mejor abuelo del mundo mundial, no está con nosotros para cantarte una nana, o para achucharte y decirte cosas y quizá malcriarte un poquito, no demasiado, o para contarte un par de historias que al parecer ya hemos olvidado.
     La realidad es que yo sí emigré, primero fue un exilio voluntario disfrazado de estudios bohemios y que terminó con un oficio bien aprendido y una forma holgada de ganarme la vida, después fue una carrera al norte por amor, amor sin el que tú no estarías aquí y sin el que yo no sería feliz.
     La realidad es que no sabemos cómo serás, querido Matías, cuando tengas 14 años, ni si algún día te enamorarás o no en Andalucía, tampoco sabemos si la misma Andalucía será la que te enamore, mucho menos si terminarás viviendo en mi tierra, una tierra que tu madre también siente ya como suya. Ni lo sé ni, en realidad, me importa mucho, me basta con que, aquí o allá, querido hijo, encuentres tu lugar en el mundo y seas feliz.




     Pero no es menos real que, siendo noruego por nacimiento y esas cosas que tiene el destino, tus genes, tu historia pasada, las voces que escuchas cada mañana al despertar y a cada rato en forma de canción desafinada son mitad chilenas, mitad andaluzas.
     Y no es menos real que tu padre, yo, te contaré de mis abuelos, del coche del lechero, de la plaza de abastos de Priego,  de cómo sabe un bocadillo de lomo de orza en la pausa de la aceituna, del frío que se pasa al lavarse a cubetazos, del trajín de una "matanza", del olor de una Navidad tojeña y del sabor de un plato de migas con "graná".
     Lo cierto es que intentaré que te sientas tan andaluz como yo, que en Andalucía, cada vez que la visites, te encuentres en tu casa y después tiempo habrá de ir recorriendo toda la variedad de paisajes, colores y gentes que tiene mi añorada España, hasta que llegue el día del prometido chuletón de buey en un asador vasco. Porque la verdad, querido Matías, es que tienes raíces, que no anclas, y saber de tu raíz chilena y andaluza te hará más libre y feliz. Tienes muchas banderas que te definirán, pero que nadie busque en ellas motivo que te separe del resto de los pueblos. Tienes Dios, como yo creo que lo tienen todos los hombres, y a nuestra manera y con nuestra cultura en la mochila te enseñaremos la manera de acercarte a Él, quien pensamos es un único Dios para todos.

     Porque hoy cumples dos meses, porque mañana estarás en Andalucía, tu casa, y pasearemos por Córdoba y Sevilla, por Priego y Tójar, porque te llevaremos al Rocío y a ver a María Auxiliadora, porque conocerás mucha gente que fue importante en mi infancia, hoy te regalamos esta nana.



La nana del Sur, Ecos del Rocío



lunes, 2 de septiembre de 2013

Ileflaen 8-b


     A finales de mayo de 2009 nos mudamos a Ileflaen 8-b. Dejamos atrás un pequeño apartamento de dos dormitorios y estrenamos una pequeña casa adosada a la que le habíamos echado el ojo en uno de nuestros paseos de primavera. Después de conducir un remolque de Ikea, llenarlo con los pocos muebles que teníamos y los recién comprados, con Nathaly accidentada por culpa de un mal paso en la escalera del apartamento; pasamos nuestra primera noche en esta casa.

     No hicimos fiesta de inauguración, sólo nos estábamos mudando de una casa alquilada a otra un poco más grande. Estrenamos la casa viendo "Camino del Rocío",  esa fue la primera película que alquilaron mis padres para estrenar aquel enorme vídeo AKAI que compraron cuando ya empezaba a sonar raro eso de no tener vídeo aún.

     Han pasado poco más de cuatro años y hemos vivido intensamente cada día en esta casa. Aquí hemos celebrado un puñado de cumpleaños, Erik se nos ha hecho adolescente y Kevin amenaza con ser tan alto como su hermano, aquí hemos celebrado la graduación de Nathaly y aquí, debajo de la escalera, nació Albatross Films, en esta casa hemos recibido la visita inimaginable de mi madre, y por aquí ha pasado casi toda la familia de aquí y de allá para celebrar... cualquier excusa es buena para celebrar. A esta casa de Ileflaen 8-b hace poco más de 8 semanas llegó Matías para hacernos muy felices y acompañarnos en el camino que nos queda.

     Ha sido un fin de semana tenso, el viernes quedamos en posición del alumno que acaba de entregar su mejor examen y espera ansioso la nota del maestro para el lunes.
     Llegó el lunes y trajo una nueva aventura en forma de mudanza, nos mudamos esta vez a una casa nuestra (compartida con el banco por los próximos 25 años) en la que tenemos un montón cumpleaños que celebrar y un puñado de sueños que hacer realidad.

     Si Dios quiere el próximo 1 de noviembre reestrenaremos una casa antigua rodeada de césped, una casa que nos enamoró a todos el día que la visitamos y en la que veremos ver caer las hojas de los árboles que la rodean y la lluvia y la nieve que acudirán sin falta a su cita con este paisaje, una casa en con chimenea en la que cada día de invierno olerá a Tójar.

     En algo menos de dos meses le diremos adiós a esta casa de Ileflaen 8-b en la que tan buenos momentos hemos pasado.

Deseando poder alquilar la casa de la izquierda (8-b)

Primera comida en casa

Al llegar de la boda de Elisabeth con el césped recién puesto

Primera Navidad

Estrenando esquís

Mundial de Sudáfrica

Kevin, Julie, Isabel y su madre y la terraza del Olav

Penúltima Navidad

Kevin para sus amigos cordobeses: Lucía y José Ángel

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Esperando a Matías

2-09-13. Ya somos cinco

domingo, 1 de septiembre de 2013

Fløterfestival 2013




     A finales del verano de 2009, Nathaly y los críos me estaban esperando en casa con una buena noticia, tan buena que sonreían nerviosos y se miraban unos a otros dudando quién debía ser el primero en empezar a hablar. Pocas horas antes, mientras yo pasaba la aspiradora en la farmacia, nos acababan de confirmar el primer trabajo importante para la recién nacida Albatross Films de Bjørkelangen. 
     El encargo consistía en realizar un DVD que resumiese la historia de Fetsund Lenser y que guardase memoria de las actividades más importantes que cada año se realizan al amparo de este museo único.
     
     Desde que aterricé en Noruega para quedarme, siempre me llamó la atención la vista que ofrecía el "lenser" desde el puente que cruza el Glomma a la altura de Fetsund y, a los pocos meses de vivir en Bjørkelangen, tenía claro que el "lenser" y su entorno eran uno de los lugares más hermosos de los alrededores. Con esta admiración mía por el paisaje se empezó a gestar la ilusión por hacer un vídeo y la esperanza de empezar a trabajar en Noruega haciendo lo que mejor se me da. Nathaly fue brillante en la gestión y tardó poco en ganarse la confianza y, más tarde, la amistad de Anna, la directora del museo que vuelve a dar vida al "lenser"

     A principios de otoño de 2009 empezamos a grabar. La presencia de Nathaly fue importantísima en las primeras entrevistas, después Thomas y yo conseguimos hacer un buen equipo: yo terminé por entender que los tiempos y las pausas, los ritmos de trabajo y la capacidad para improvisar son muy diferentes aquí; moderando mi velocidad, mi ímpetu y hasta mi profesionalidad, conseguí adaptarme y supongo que también ellos se adaptaron al genio de un cordobés que no entiende de "tanta pausa ni leches", tanto darle vueltas al mismo tema y tantos días de acabar no grabando casi nada porque casi nada había para grabar hoy a pesar de que yo creía que les había quedado clarísimo que necesitábamos que...

     Fue un privilegio escuchar las historias -una vez Nathaly me las traducía en casa- de los trabajadores que pasaron su vida a orillas del Glomma y transportaron miles de troncos por su cauce. Alguna vez pasé un frío del carajo, pero la mayoría de las veces fue divertido grabar las actividades, entre otras cosas porque acabamos haciendo de esos días de rodaje una actividad en familia que terminaba comiendo unas "pølser" a orilla del río.

     Casi un año después el trabajo estaba listo para publicar, casi cuatro años más tarde el DVD se ha reeditado y sigue vendiéndose en la tienda del museo, casi cuatro años más tarde conservamos la amistad de Anna y Thomas, de Morten y los carpinteros, de la señora danesa de las gafas..., casi cuatro años más tarde nos sentimos en casa cada vez que regresamos a Fetsund Lenser. 
     
     





     El día grande de Fetsund Lenser es el Fløterfestival.  Cada año, variando en función de las lluvias y las crecidas del río, durante una mañana de sábado antiguos trabajadores del "lenser" escenifican para el  público los pormenores del duro trabajo que realizaron durante tantos años que fueron, según algunos de los testimonios que recogí en el documental: "los mejores años de nuestra vida". 
     El transporte de troncos se realizaba por el río Glomma, desde los bosques de tala la corriente los conducía hasta el "lenser" donde los troncos eran contabilizados en función de las marcas talladas que indicaban quién era su propietario; después eran agrupados y arrastrados, formando un entramado de miles de troncos flotantes, por el Mørkfos, histórica barcaza que aún puede visitarse en el museo.

     Con alegría y sorpresa descubrimos que Kevin es parte destacada en el cartel que promociona el Festival de este año.
     



     Después de comer unas pizzas y terminando de ver el resultado final del vídeo con todos los trabajadores del museo, le ofrecieron a Kevin la posibilidad de ser "sprettgutt" en el festival que estaba por venir. Kevin aceptó la propuesta entusiasmado y cuando llegó el día señalado disfrutó enormemente ayudando a mover los troncos por el río. Kevin causó tal sensación que fue entrevistado por el periódico local y por la televisión nacional. Mi madre y mi hermano fueron testigos excepcionales de su debut en el "lenser"



     Al año siguiente el festival cayó en fecha inoportuna y Kevin, de vacaciones en España, en el maravilloso pueblo de Chipiona concretamente,  no pudo asistir. El cargo de "sprettgutt" quedó vacante ese año.

     El sábado 31 de agosto el amanecer amenazaba una lluvia que no tardó en confirmarse a los pocos minutos de llegar a Fetsund. Desde que llegamos, Kevin fue tratado como una estrella y, una vez cambió su apariencia por la de un niño de "época", su presencia fue anunciada por los altavoces del lugar y no fueron pocos los niños que lo miraban entre curiosos y admirados. Kevin soportó del mejor humor su pequeño día de fama y posó para tantas fotos como fueran necesarias.




     El trabajo del "sprettgutt" consistía en aprenderse una larguísima tabla de signos -de tamaño y dificultad equiparable a la tabla periódica de los elementos que todos memorizamos en los básicos estudios de química del colegio-, y permanecer atento y vigilante a los posibles fallos que pudiesen cometer los mayores a la hora de asignar los troncos a uno u otro propietario. 
     El "sprettgutt" podía tener entre 10 y 13 años y por su trabajo recibía un pequeño salario y más de una pedrada proveniente de los dueños de los troncos, a quienes, la pericia del jovenzuelo, les había supuesto la pérdida de un tronco mal adjudicado.





     Arne pasa ya de los 80 años y de los 12 a los 14 años fue "sprettgutt" de la margen izquierda del río. Arne recuerda y nos cuenta que en el año 50 hubo una súper población de renos que provocó un crecimiento inesperado del negocio que regentaba su padre, una carnicería familiar. Por culpa de aquella abundancia de carne de reno, Arne tuvo que dejar la orilla del río y dedicarse, hasta hace pocos años, al despiece y venta de carne.
     Arne posa encantado junto a Kevin recordando viejos tiempos y preparándose para disfrutar de una jornada que, ojalá, la lluvia no empape más de lo necesario.




     Arranca el espectáculo y la lluvia, a pesar de la claridad que se distingue en el horizonte, amenaza con permanecer sobre el "lenser", sufrimos viendo los tablones mojados y escurridizos y las enormes botas que calza Kevin -un chaleco salvavidas fluorescente quedaba totalmente inaceptable asomando bajo su ropa de época-. Kevin se niega rotundamente a afear su atuendo y corre el riesgo de caer al río y darnos un susto tremendo. Cualquiera diría que Kevin lleva toda la vida pegado al río y sus gentes, se desenvuelve con agilidad y soltura sobre las tablas y maneja el "floterhake" con energía y fuerza pinchando y dirigiendo los troncos sobre el agua. 





     Una hora más tarde Kevin termina su trabajo, cansado y contento recibe las felicitaciones de los mayores del lugar, a quienes por un rato les ha ayudado a viajar en su memoria hacía tiempos más felices; los niños, ahora, disimulan mal su envidia y preguntan qué tienen que hacer para ser ellos los próximos "sprettgutt".

     De regreso en casa el siguiente mensaje de Thomas nos confirma que Kevin tiene su puesto más que asegurado para los próximos años.

Hei Kevin! Du er fast ansatt som sprettgutt!
 Fantastisk innsats i dag. Det var mange som synes du var superflink, og jeg hørte at flere yngre barn ville gjøre som deg :) tusen takk for innsatsen.
 I dag var du en ekte tømmerfløter!!
Hilsen Thomas

Jerigonza que bien podría traducirse así: Qué cojones Kevin, qué bien lo has hecho.





     Al final sale el Sol y todos podemos disfrutar de una hermosa tarde de verano en el "lenser". Ha sido emocionante ver a Kevin tan metido en su papel -su tía Gissella y su primo William tampoco han querido perdérselo- y muy divertida la comunicación vía "Whatsapp" establecida con los familiares y amigos íntimos de España. 
     Matías disfrutó durmiendo y comiendo con su chalequito nuevo y, quien sabe, quizá en diez años más herede el puesto que tan brillantemente ahora defiende su hermano Kevin, que no creció en el "lenser", que ni siquiera tiene antepasados que trabajasen aquí; pero que parece haber nacido a la orilla del Glomma.





viernes, 23 de agosto de 2013

La vuelta del 7

    
      La habitación de Kevin está llena de pósters del Real Madrid, entre ellos destaca uno de CR7, para Kevin Cristiano Ronaldo es, sin duda, el mejor jugador del mundo. La opinión de Kevin es subjetiva, faltaría más, quién puede atreverse a pedirle a un niño de 10 años que emita un juicio objetivo en un asunto tan importante como decidir quién es el mejor futbolista del mundo. Tengo que reconocer que, en este particular, la opinión de Kevin además de subjetiva está muy influenciada por mi propia opinión que, a pesar de la edad, tampoco es, ni quiere ser, objetiva.

     Cristiano Ronaldo, el mejor jugador del mundo según Kevin, lleva el número 7 a la espalda, un número que en el Madrid tiene mucha historia y un peso descomunal; tanto que hasta el grandísimo Alfredo Di Stéfano -para mucho que le vieron jugar, objetivamente el mejor jugador de fútbol de la historia- lució este dorsal alguna vez. Yo no nací a tiempo para verle jugar y disfrutar de aquel Real Madrid campeón de campeones, pero tuve la suerte de poder hablar con él en la sala de juntas del Santiago Bernabéu con motivo del programa sobre Kubala que realicé para TV3. 

     El primer 7 de mi historia es Juanito -Illa, illa, illa Juanito maravilla-. Juanito fue la primera persona en la que yo soñé convertirme de mayor. Cuando la palabra merchandising podía sonar hasta a insulto, mi padre me consiguió una camiseta auténtica -lo oficial tampoco se llevaba entonces- de los alevines del Real Madrid con el 7 de Juanito a la espalda. Mi amigo Martín se pidió el 9 de Santillana y los dos las estrenamos en una calle de Fuente Tójar con una pelota de plástico duro y zapatos de domingo. La felicidad era tan indestructible que el sentido del ridículo apenas podía rozarla.

     Juanito era como ese amigo del alma, cargado de defectos menores, pero que es de los tuyos. A Juanito los del Madrid lo adorábamos pero entendíamos que los otros lo odiaran y justo por ese odio de los otros, nosotros lo amábamos más. Juanito era imprevisible y auténtico, era un artista bohemio en su banda, era la expresión de la furia y la locura del arrebato sobre el césped, Juanito era capaz de echarse al Madrid entero a sus espaldas en una mala tarde. A Juanito se le quería jugase como jugase porque se partía el alma en cada jugada. Juanito: humilde y provocador, tierno y feroz, amado y odiado, generoso y pendenciero, de corazón enorme; contradictorio, como todos los hombres. 
      Juanito se convirtió en un mito, incluso antes de que la muerte le sorprendiera, dormido en el asiento del copiloto, a la vuelta de ver a su Madrid, en el km 161 de la NV camino de Mérida. Cada año se busca un imposible con el convocar su espíritu indomable, cada minuto 7 en el Bernabéu se hace "molto longo" y se rinde un merecido homenaje a un futbolista eterno. 

     Raúl González Blanco heredó el 7 de Emilio Butragueño y lo agrandó hasta el infinito. Se decía de Raúl que no tenía físico ni velocidad, ni desborde ni regate ni técnica. Cada verano se empeñaban en traer un fichaje de relumbrón que compitiera con él y le robase la titularidad, cada verano los raulistas sufríamos pensando que ese año Raúl, sí o sí, era carne de banquillo, pero cada año, Raúl, se ganaba al entrenador de turno y, ya en la pretemporada, salía vencedor indiscutible en su duelo con el nuevo aspirante a ídolo del Bernabéu. Raúl siguió jugando y marcando goles blancos.

     Le sobraba a Raúl casta, orgullo, coraje, dignidad y señorío en el campo -qué pocas, poquísimas veces he visto a Raúl tirarse a la piscina- y le faltaba afán de notoriedad y exhibicionismo. Raúl, un hombre familiar alejado de los flashes que ama el fútbol y al Real Madrid. 

     He visto jugar a Raúl dos veces en el Camp Nou de Barcelona: la primera ganamos y poco me faltó para saltar al campo desde la línea de banda donde estaba trabajando para una televisión irlandesa y abrazarme a Roberto Carlos y Ronaldo que, con sus goles el 7 de diciembre de 2003, ponían fin a una maldita racha de 20 años sin doblegar al Barça en Liga en el Camp Nou. El año siguiente me tocó trabajar para Al Jazeera, de nuevo a pie de campo, a pocos centímetros de la raya de cal y con la misión de grabar sólo al público, perdimos 3-0 y con lágrimas de rabia, impropias en mi edad, a punto de estallar, grabé a pocos centímetros los rostros de la afición culé celebrando el pitido final. Sentí que allí no éramos un rival deportivo sino un enemigo irreconciliable al que con cada insulto se pretendía insultar a la terrible dictadura que todos los pueblos de España sufrieron durante tantos años y que nada tiene que ver con nuestro escudo y valores. No quise volver al Camp Nou a grabar otro partido del Madrid y entendí de golpe todo el significado que encerraba el gesto, valiente y rabioso de Raúl que, con sólo 22 años, mandó callar a todo el estadio gigante del Barcelona el 13 de octubre de 1999.

   



     Volví a ver a Raúl con motivo de un partido benéfico en el Camp Nou, me lo crucé en el la escalera que da acceso a los vestuarios y, por unos instantes, dejé de ser un profesional de la televisión para volver a ser un niño tímido que mira embobado a su ídolo.
     En 2007 vi de nuevo a Raúl, esta vez desde el fondo norte del Santiago Bernabéu, celebrando la liga de Capello y el "clavo ardiendo".

     Raúl sobrevivió a "los galácticos" y parecía predestinado a retirarse en el Madrid pero, cuando su casta y generoso derroche empezaron a no bastar en un equipo acomplejado por los éxitos del eterno rival, hizo la maleta y se llevó a su familia a Alemania, para seguir disfrutando del fútbol en un equipo mediano de una ciudad minera. El señor Raúl lo dio todo por una camiseta que no es la suya y conquistó a una afición que no habla su idioma, en el Shalke 04, en Gelsenkirchen, Raúl agrandó su leyenda.

     Ayer Raúl volvió a casa y llenó el estadio para un partido homenaje, ayer Casillas le cedió el brazalete y Raúl volvió a ser el gran capitán del Real Madrid, ayer Raúl marcó su último gol con la camiseta de su vida, camiseta que en el descanso le regaló a Cristiano Ronaldo.
     Ayer Matías dormía mientras yo vi la primera parte del partido -no me gusta ver a Raúl vistiendo otra camiseta- pero confío en que pronto Matías comparta conmigo muchas tardes de fútbol y un montón de clásicos, el partido del siglo de cada año y la remontada imposible sin la que los madridistas no sabemos vivir, Matías elegirá, el solito y de forma subjetiva, su mejor jugador del mundo, pero seguro que también me pedirá opinión -yo me moría por ver un partido de fútbol junto a mi padre y me hacía tan feliz que también él fuese del Madrid y me hablara de algunos jugadores que yo no conocí-.
     Para cuando llegue ese día mi respuesta es tan subjetiva como rotunda: sin ninguna duda Raúl González Blanco es el mejor jugador de la historia, capitán por siempre de mi Real Madrid.