sábado, 7 de junio de 2014

Liten fuggel



     Antes de ayer, jueves 5 de junio, Matías cumplió once meses. Hubo vacuna, en lugar de tarta, para celebrar. Si Dios quiere celebraremos su cumpleaños en España, por eso hemos tenido que adelantar un mes la vacuna de los 12 meses. Esta vez yo estaba menos nervioso que en las primeras vacunas, pero temiendo que Matías, ya más grandecito, se pusiera a llorar con la misma desesperación que le entra cuanto, por la noche, cansado, se tropieza gateando y da con los dientes (plural, porque ya son dos preciosos dientes los que luce en su encía inferior; de los de arriba seguimos esperando noticias) en el suelo.
     Antes de la vacuna, hemos tenido control de peso y medida: 9.680 gr, 76.5 cm y 45.5 cm de diámetro craneal. Estos números reflejan que Matías está creciendo estupendamente y que de momento está mas alto que la media. Con estos datos no digo yo que vaya a jugar al baloncesto, pero tengo plena confianza en que será más alto que yo, cosa por otro lado bastante fácil.
     Para que el día estuviese completo, antes de la dichosa vacuna, también tuvimos control médico. El doctor dice que el corazón de Matías late sano y fuerte. Como este amable y simpático doctor noruego no entiende ni papa de español y yo no pude ponerme el fonendoscopio, me queda la duda de si, sobre todo después de vivir la noche de La Décima, el corazoncito de Matías dice ya "Hala Madrid".
     Antes de la vacuna Matías estuvo jugando un ratito en el suelo, nos miraba a Nathaly y a mi y nos ponía su recién aprendida carita de asombro, estirando el labio superior hacia abajo, dejando un pequeño hueco entre los labios, como si fuese a silbar y abriendo mucho los ojos. Distraído a medias con un juguete musical y tomando el pecho, los pinchazos en ambas piernas sólo le hicieron apretar puños y mandíbula y lanzar un grito contenido que no desembocó en el llanto inconsolable que yo temía.
     Pocos minutos después ya estaba relajado y jugando en el suelo de la consulta; no quedaba de la temida vacuna más que un par de algodoncitos en sus muslos.




     Matías todavía no ha empezado a dar sus primeros pasos, creo que se está reservando para hacerlo en Córdoba, pero ya consigue estar de pie unos segundos sin estar sujeto o apoyado en algo. Cada día tiene más peligro: ya sabe abrir y cerrar puertas y cajones, sabe sacar sus piernas de su sillita Ikea de comida y, haciendo fuerza con una mano, acabar de pie, en precario equilibrio, sobre la silla. Cuando despierta de sus dos siestas diarias, también se da vuelta y termina de pie en el carro.
     Matías ya sabe perfectamente quienes somos papá, mamá y sus hermanos. Nos busca cuando despierta, para jugar y cuando algo le asusta. Tiene clarísimo quien le da su comida preferida y, cuando tiene hambre, dice "Mam, mam, mam..." Le encanta la música, si escucha algo con ritmo o alguna melodía que conoce se pone a dar brinquitos,; si es melódica o no la conoce, escucha con atención. También le gusta cantar a dúo conmigo, estamos en plena fase de ensayos del "Hala Madrid y nada más". Confío en que para el inicio de la Liga ya la tengamos a punto de chapurreo.

     Matías va necesitando una visita al peluquero, pero con su pelito, casi tapándole los ojos,  está precioso.
   
     En el capítulo anterior de este cuaderno virtual hablaba de nuestro trabajo en el Desembertoner que organiza Nordea Bank en la Domkirke de Oslo. Y fue en uno de esos conciertos de Navidad, en el Desembertoner de 2011, cuando escuché por primera vez al grupo noruego Vamp. Nathaly los conocía pero no los había escuchado mucho. Después de los dos conciertos repetidos que grabamos y, sobre todo, después de tanto montar el showreel, su Liten fuggel se nos quedó grabado. Nos encanta esta canción que hoy le regalamos a nuestro pequeño Matías por su úndécimo cumplemes.



                          





miércoles, 4 de junio de 2014

Desembertoner 2013



     Hoy, por fin, termino el trabajo Desembertoner 2013. Nordea Bank es uno de nuestros clientes más fijos. Desde hace 4 años tenemos un trabajo relacionado con el Concierto de Navidad (Desembertoner Nordeas julekonsert) que organizan en la Catedral de Oslo. Se trata de un concierto gratuito que se celebra unos días antes de Nochebuena. El concierto, para que pueda asistir más público, tiene dos sesiones. Su calidad y gratuidad garantizan el lleno en cada sesión. Horas antes de que dé comienzo la primera, ya puede verse el gentío, organizado en una perfecta cola que rodea la Catedral, dispuesto a esperar un par de horas a pesar de que las temperaturas invernales no son precisamente agradables en Oslo. Los asistentes pueden hacer una donación voluntaria que, junto a todo el dinero recaudado irá destinada al proyecto Åpen Kirke. Este proyecto de "Iglesia abierta" consiste en mantener varios días de la semana y las noches de viernes y sábado, la Catedral abierta de forma que todo aquel que lo necesite pueda hacer uso de ella. Sirve de esta manera como refugio contra el frío en las gélidas noches de invierno y también como refugio espiritual para aquellos que necesiten entrar y hablar con alguien. Un grupo de voluntarios se encargan de tocar música, explicar la historia y secretos del lugar y también de dar apoyo moral, consejo o simplemente escuchar a quienes lo así lo demanden. Gracias a este proyecto la Catedral también puede ser visitada por turistas de forma gratuita.
     Hace dos años Nordea también nos encargó la producción de cuatro vídeos cortos para explicar el proyecto.






     El primer Desembertoner en el que trabajamos fue el de 2010. De repente, a nuestra diminuta y familiar productora le caía un encargo de prestigio. Nuestro cliente es el banco, pero la que se encarga de diseñar el show es la mayor productora de eventos musicales de Noruega. En las primeras conversaciones con ellos, Nathaly se llegó a sentir algo intimidada y yo, tengo que reconocer, que siempre tuve claro que desconfiaban de que pudiésemos entregar un buen trabajo. A pesar de que los medios no eran los mejores: grabar sólo con dos cámaras y con un segundo operador con menos experiencia de la que yo pensaba; en 2010 y 2011 nos encargamos de grabar y editar el concierto. El trabajo quedó tan bien que en 2012 una televisión nacional, TV2, quiso grabar y ofrecer un amplio resumen del evento en los días de Navidad. Cuando pensábamos que habíamos perdido el cliente, nos llamaron del banco, para ofrecernos más trabajo: hacer un DVD con las imágenes de TV2, editar el Showreel para promoción, como ya habíamos hecho en los años anteriores, y editar una versión íntegra del evento, añadiendo las partes que la televisión había suprimido. Los más engorroso de este trabajo es tener que trabajar con formatos diferentes a los que yo uso habitualmente. Sus archivos MXF el año pasado me dieron más de un dolor de cabeza, dolores de cabeza que mi amigo David y sus sabios consejos me ayudaron a superar. Este año todo ha ido sido más fácil y no he tenido que molestar a David.
   
     Los DVD ya están listos para enviar y el showreel ya está publicado. Aquí dejo el enlace para que los familiares y amigos íntimos que disfruten con la música o simplemente tengan curiosidad puedan verlo.


                          



     Este cuaderno virtual, además de acumular retraso, es algo desordenado. Empezamos con el último Desembertoner, pero seguro que en algún momento encuentro ocasión para dedicar un capítulo a los anteriores.


sábado, 31 de mayo de 2014

Paraíso



     De todos los significados encontrados de la palabra "Paraíso"...

     1.- Lugar hermoso y tranquilo donde, según la Biblia, vivieron el primer hombre y la primera mujer después de la creación.

     2.- En ciertas religiones, lugar en que viven las almas de los justos después de la muerte y donde gozan de felicidad completa y, según religiones, de la presencia de Dios o los dioses.

    3.- Lugar muy hermoso y agradable.

    4.- Lugar idóneo para el ejercicio de una actividad.

    5.- Conjunto de asientos del piso más alto de algunos teatros.

     ... es esta última a la que hace referencia este capítulo. 

     El año pasado, con Matías todavía dentro de la barriguita de mamá, asistimos, por primera vez en Noruega a un concierto de Año Nuevo. Fue en Lillestrøm, en la sala donde hace un par de años fue la confirmación de Erik y en la que había trabajado antes, grabando una obra de teatro. Las entradas tenían precio único, un precio normal, tirando a barato, en Noruega y carísimo si pienso en los precios de mi Gran Teatro de Córdoba. Teníamos butacas cercanas al escenario y recuerdo que disfrutamos de un repertorio, soprano incluida, bastante clásico y festivo (polcas, valses, la Carmen de Bizet...) ; muy correcto para la ocasión. 
     Sim embargo, tengo que ponerle dos grandes "pero" al evento: el primero se refiere a la fecha del mismo. No se puede llamar "Concierto de Año Nuevo" a un concierto que se celebra en febrero. No tiene lógica, ni sentido. El segundo "pero" es que no se puede terminar un concierto, llamado de Año Nuevo sin tocar, antes, en medio o en el bis, la Marcha Radetzky.

     En la noche del primer día de este año en curso, en la lluviosa noche cordobesa del 1 de enero, tuvimos el privilegio de asistir a un Concierto de Año Nuevo como Dios manda. 
     Matías, Kevin, Nathaly y mamá ocuparon las reglamentarias cuatro plazas de un taxi. Yo subí caminando bajo una constante y fina lluvia que dejó mi abrigo empapado. La temperatura en el exterior era agradable, en el interior del teatro calurosa y en el "paraíso" un infierno. Después de colocar, como mejor pudimos, abrigos y paraguas; le sacamos a Matías casi toda la ropa para que pudiese soportar el sofocante calor de aquella última planta del teatro. 
     La primera parte del concierto estuvo dedicada a temas muy representativos de la lírica española. Se interpretaron piezas de Bretón, Chueca, Chapí y Sorozábal, entre otros. El repertorio de la segunda parte estuvo dedicado a Johann Strauss II, Franz Lehar y Josef Strauss. Un digno concierto, parecido a los que recordaba de La Orquesta de Córdoba bajo la batuta de Leo Brouwer. A pesar de mi afición por la música, tengo que reconocer mi pésimo oído para la misma. En una película reciente, Grand Piano, el director de la orquesta le dice al pianísta, protagonista de la película, que puede errar en una nota, que el público nunca se da cuenta. Puedo asegurar que conmigo podrían errar en casi todas las notas y ni me enteraría. De hecho, Nathaly yo todavía tenemos la duda de si el tener que escuchamos, meses antes y en este mismo escenario, interpretando Carmina Burana; estaba borracho o las notas estridentes que cantó eran las correctas. Reconocido esto, no puedo decir mucho sobre la Orquesta de Córdoba y su director, Lorenzo Ramos, o sobre la soprano invitada para la ocasión, Amanda Serna. Puedo decir poco más de que, a pesar del infernal calor que soportamos, con sus piezas más conocidas y con alguna que no habíamos escuchado antes, el concierto nos gustó mucho.

     Pero fue en los bises cuando Lorenzo Ramos y Amanda Serna nos conquistaron. El primero por dirigir con entusiasmo a Orquesta y público con la Marcha Radetzky, y la segunda por decir, antes de interpretar la pieza final, que lo de la Radetzky está muy bien y todo lo que tu quieras y claro que se tiene que tocar, faltaría más, pero que estamos en España y que a ella le parece oportuno, justo y necesario, terminar este bonito concierto deseándonos los mejor para el 2014 y cantando una pieza española. Ole tú!


 

     Decía al principio del capítulo que el título hacía referencia a la última de las definiciones encontradas. Aquella de "conjunto de asientos del piso más alto de algunos teatros". Durante muchos años huía del infierno del Derecho y buscaba refugio en el paraíso de mi Gran Teatro. Desde allí, a la mitad del precio de la entrada (las sucesivas matriculaciones en la Facultad de Derecho sólo sirvieron para acceder a aquel 50% de descuento en las entradas del Gran Teatro) me escapaba de una realidad personal que empezaba a no gustarme nada. Por asiduo y por precario no podía, salvo gran excepción, pagar más de aquellos 3 o 4 euros por espectáculo que costaba el paraíso. 
     Hoy, abandonado el Derecho, abandonada la política, lejos de mi ciudad, felizmente casado y felizmente padre, podríamos pagar un poco más y estar más cerca del escenario, pero me apetece volver por una noche a mi paraíso y empezar el año de la mejor manera posible. 

     Quizá ante la avalancha de conciertos del Festival de la Guitarra, esta vez más por economía que por nostalgia, decido volver a alguno de los asientos de la última planta de mi teatro. Será verano y las calles de Córdoba parecerán arder, seguro que la chaqueta, la rebeca o el jerseycito son necesarios en el paraíso. Apuesto a que el aire acondicionado estará al gusto de los pingüinos. 

     

martes, 27 de mayo de 2014

Saber perder



     David Trueba fue, sin ninguna duda, el triunfador en la última Gala de los Goya. Aunque hasta ese día acumulaba un buen puñado de nominaciones, todavía no había conseguido llevarse un "cabezón" a  casa. Su discurso de agradecimiento fue uno de los más brillantes, sinceros y coherentes que recuerdo.


 



     Empezó reconociendo que no se lo esperaba, y supongo que lo decía de verdad porque todo el mundo daba como favorita de la noche a La gran familia española de Sánchez Arévalo. Dijo, no sólo que no se lo esperaba, sino también que estaba acostumbrado a perder, que era del Atleti y que incluso había escrito una novela con ese título: Saber perder.

     Dijo, también, una de las cosas más lúcidas que he escuchado últimamente acerca de la difícil relación entre España y Catalunya o, más bien, entre españoles y catalanes. Vino a decir David Trueba que, quizá, lo mejor sería que los madrileños, los extremeños, los castellanos, los andaluces... nos diésemos un paseo por Catalunya para decirle a los catalanes lo hermosa que es su tierra y lo mucho que los queremos. En este tiempo de amenazas contra la expresión libre, democrática, soberana y pacífica de la voluntad de un pueblo, no recuerdo a muchos diciendo algo tan sencillo y coherente como lo que vino a decir David Trueba con su Goya en la mano. 

     Hace cuatro o cinco años compré y leí su novela, después de escuchar su discurso de agradecimiento en la Noche de los Goya decidí releerla. Durante algo menos de una semana volví a encontrarme con unos personajes que ya conocía y volví a recorrer con ellos el camino hacia sus pequeñas y grandes derrotas. De todas ellas la más brutal, la más desoladora, es la de Leandro; porque su derrota llega cuando ya debería haber aprendido de la vida, porque su derrota llega cuando ya no queda tiempo para remontar. La de Lorenzo es la derrota del hombre mediocre que, queriendo ganar un poco más, lo fue perdiendo casi todo sin darse cuenta. Lorenzo comete un acto abominable y, sin embargo, con su derrota a cuestas, con el deseo de aprovechar el tiempo extra concedido; no soy capaz de juzgarle y condenarle. David Trueba es del Atleti, sin embargo, a Ariel, el personaje futbolista de esta novela, no lo imagino más que jugando en el Real. Ariel sufre sus pequeñas derrotas en la cancha y en la grada, pero su gran derrota esta por llegar cuando se dé cuenta de que, futbolista excepcional o no, no fue capaz de salirse del guión que otros van escribiendo por él. Y queda Sylvia, y a Sylvia le quedan un montón de años para llenar su mochila de derrotas cotidianas que dolerán menos cada vez porque Sylvia, quizá, cuando llegue a vieja se de cuenta de que ha conseguido ganar. 

     Leyendo sobre estas derrotas ajenas se comprenden mejor las propias. Porque es innegable que todos, "todos llevamos una derrota escondida".




 
     "El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente. Si encuentra las velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas, golpeará durante un rato en busca de las grietas o ranuras que le permitan filtrarse. El deseo asociado a un objeto de deseo nos condena a él. Pero hay otra forma de deseo, abstracta, desconcertante, que nos envuelve como un estado de ánimo. Anuncia que estamos listos para el deseo y sólo nos queda esperar, desplegadas las velas, que sople su viento. Es el deseo de desear". 

     Así arranca esta novela de David Trueba, este es su primer párrafo. Recomiendo a los familiares y amigos íntimos que leen este cuaderno virtual que continúen leyendo, que aprendan con cada derrota, que celebren con euforia desmedida cada victoria y que al final, cuando lleguen a viejos, se den cuenta de que han ganado.


viernes, 23 de mayo de 2014

La casa del propósito especial



     Este cuaderno virtual sigue acumulando retraso. En notas escritas o dictadas al móvil se amontonan capítulos no escritos. El mismo retraso que se va acumulando, cuando el tiempo libre es un bien escaso, en los libros nuevos no leídos. En nuestras estanterías de Ikea, con cada viaje, con cada cumpleaños, se van amontonando nuevos libros que, pacientemente, esperan ser leídos.

   

   
     Compré este libro mirando sólo el nombre del autor. Reconozco que no le presté mucha atención a la breve sinopsis escrita en las páginas de la revista del Círculo. Mirando la foto de arriba se advierte claramente que el nombre del autor destaca, por tamaño y color, sobre el título del libro. Ese John Boyne en letras grandes y rojas, después de haber disfrutado tanto leyendo El niño con el pijama de Rayas, fue un reclamo perfecto para mí.

     Cuando el libro, por fin, llegó a Noruega, volví a leer la sinopsis escrita en su solapa. Esa vez tampoco le presté mucha atención. Coloqué el libro en su estantería, junto a El niño..., y allí lo dejé unos meses, retrasando gustosamente su lectura.

     Hace más o menos dos años pensé que ya era el momento de leerlo. Lo saqué de su estantería y esta vez sí leí con atención la breve sinopsis de la solapa. La sinopsis me gustó tanto que decidí que ese no era un buen momento para empezar a leer el libro. No puedo recordar ahora qué andaría haciendo en ese momento dos años atrás, pero imagino estaría liado con el montaje de algún vídeo, liado hasta el punto de necesitar un libro más "fácil" o más corto. El caso es que La casa del propósito especial fue devuelta a la estantería con la esperanza, eso sí, de un pronto regreso a mis manos y de una lectura concentrada.

     Imposible recordar cuantos meses pasaron hasta que decidí que ahora sí. Saqué el libro y volví a leer la sinopsis. Satisfecho y feliz por el viaje que me iba a pegar por la Rusia de los Romanov y la Revolución bolchevique, empecé a leer el libro. Creo que no llegué a la tercera página. Los nombres de Zoya y Georgi Danilovich Yáchmenev se me atragantaron, no fui capaz de digerirlos y en aquella primera o segunda página terminó el viaje. El libro fue, de nuevo, devuelto a la estantería; esta vez sin promesa ni fecha de regreso.

     Como ya señalé en este cuaderno virtual, hace pocos meses releí El niño con el pijama de rayas, y al llegar al final enlacé, sin pensarlo,  su última pagina con la primera de la historia de Zoya y Georgi. Me olvidé de los apellidos, me concentré en los nombres y empecé a viajar. Recuerdo que era de noche, que Nathaly veía algo en la tele, que Matías dormía, Kevin estaba en su dormitorio y Erik tumbado en su sofá. Pasado el segundo capítulo: "El príncipe de Kashin", la lectura empezó a tomar velocidad de crucero y en apenas 4 ó 5 días el viaje llegó a su fin. Fueron 4 ó 5 días hermosos, muy hermosos; sentado al calor de mi chimenea, viendo la nieve en el jardín, pude sentir el frío de los caminos en la Rusia de los Zares.

     No me costaría nada hacer un resumen del libro un poco más largo que la sinopsis de la solapa. Pero no quiero quitarle el placer de descubrirlo a futuros lectores. Por cuánto tiempo habitará, de nuevo, el libro en la estantería. Quién sabe. Quizá una tarde cualquiera Nathaly lo rescate, quizá Erik más adelante, tal vez Kevin en unos años o puede que Matías muchos años más tarde. Hasta cuando permanecerá el libro dormido. Quién sabe. Puede que, en algún tiempo más, yo decida hacer de nuevo el mismo viaje. Siempre me gustó regresar a algunos lugares.

     Terminado el libro, el nombre de Zoya queda en la memoria para siempre. Queda también el deseo de que Zoya hubiera sobrevivido, de que Zoya, antes de serlo, hubiera sido la niña apasionada, sincera, bondadosa y valiente de esta historia; y que, de haber sobrevivido, siendo ya Zoya, se hubiese convertido en la anciana apasionada, sincera, bondadosa y valiente de esta historia.

     Recuerdo perfectamente que terminé el libro una noche. Nathaly buscaba información sobre un medicamento en su Ipad y le daba el pecho a Matías. Erik y Kevin estaban en casa de su padre. Cerré el  libro, cogí mi móvil y busqué indicios y pistas de la verdad. Encontré especulaciones, sospechas, mentiras, fraude y un montón de viejas e impresionantes fotografías.

   


     Pocos minutos después de publicar el capítulo El niño con el pijama de rayas, mi amigo Fernando dejaba un mensaje de Whatsapp recomendando La casa del propósito especial. Ni él sabía que yo lo había leído, ni yo sabía que él tenía este libro. Hace unos meses, Matías estaba a punto de llegar, recomendé a Fernando leer Hacia rutas salvajes y dio comiendo un frenético envío de fotos de libros leídos y por leer. En momentos como ese echo de menos esa cervecita apresurada o esa copa de fino y tiempo infinito para poder hablar de los libros que leímos, de los que estamos leyendo y de los que, pacientemente, esperan su turno en las estanterías de casa. Suerte que tenemos Whatsapp. 
     
     Desconozco si mi amigo Fernando también deseó que Zoya hubiera sobrevivido; pero sé, el mismo me lo "whatsappeo" que, el mismo día o noche en que terminó el libro, buscó indicios, pistas y viejas fotografías. 

viernes, 16 de mayo de 2014

Fin de liga


     Como lo prometido es deuda, madrugo un poco este sábado 17 de mayo, en el que Atleti y Barcelona jugarán a las seis de la tarde una final en el Camp Nou para decidir el campeón de Liga.
El Madrid enterró todas su opciones, que no eran pocas, en los últimos tres partidos. Desde el regreso de Munich, donde vapuleó al Bayern de Pep, no le ha ganado a nadie. Los rivales tampoco estuvieron finos, pero el Madrid o no creyó que fuesen a pinchar tanto y dio la Liga por perdida antes de tiempo o desde el pitido final en Munich sólo es capaz de pensar en final de Lisboa.

     Hoy, 17 de mayo, Día Nacional de Noruega, a pesar de que el Madrid no está en la pelea; reconozco que se juega el final de Liga más apasionante que recuerdo. Hoy tengo un trabajo importante en el Opera de Oslo y no sé si llegaremos a casa antes de las 18.00. En caso de llegar a tiempo para ver desde el inicio o para ver desde el minuto que sea, estaría fantástico que MAX TV me diera el partido y así poder disfrutar en la "tele grande" sentado en mi salón de este partido de fin de Liga, de este partido ajeno, de esta tarde de sábado futbolera sin nervios.

     Podría haberme ahorrado esta media hora de despertar antes que el resto de la casa y cumplir con lo prometido esta tarde, más o menos a las 20.00, señalando y felicitando al justo campeón. Porque el campeón, si no hay árbitro mediante, siempre lo es con justicia; independientemente del tipo de fútbol que su filosofía o sus jugadores le permitan u obliguen a practicar. Podría haberme ahorrado estos tres párrafos anticipados, decía, pero entiendo que no sería valiente por mi parte no mojarme en estas horas previas a una tranquila tarde de sábado futbolero, de fin de Liga en la que mi Madrid no se juega nada.

     Tengo amigos del Barça, más de un lector de este cuaderno virtual lo es, por ellos y por el zas en la boca a muchos estaría bien y tendría su morbo que ganase el Barça. Además con una victoria del Barça los nervios y la moral del Atleti pueden quedar hechos trizas. Y no olvidemos que en sólo una semana la mañana de sábado será muy distinta a la de hoy: levantarse con el Hala Madird, poner la bandera en el porche, ir a comprar con la camiseta puesta, preparar la comida para los invitados que vendrán a ver la final y destrozarme las uñas cuando se vaya acercando la tarde, una tarde de fútbol que ya no será tranquila, ni ajena. Pero dejemos lo de Lisboa, para el 24.

     Decía que por mis amigos "culeristas" y por el pinchazo a la moral del Atleti si gana el Barça, pues mira, hoy no me va sentar tan mal; pero, a pesar de lo dicho, honestamente yo hoy voy con el Atleti. Creo que se lo merecen, creo que han hecho mejor temporada, creo que en los últimos partidos, cuando era tan fácil haber sentenciado, simplemente les entró el vértigo de la víctoria; pero se lo merecen. Paso de esa memez de que son el equipo del pueblo, qué chorrada, también paso de eso de que tienen más huevos que nadie, otra tontería; pero es verdad que hoy, esta tarde creo que se lo merecen. Y además, si pienso en el último partido del Barcelona en Elche, creo que Atleti gana hoy. En Elche no estuvo Mesi, como casi en todo el año, (sólo le dio por aparecer un rato en el Bernabéu), no hubo pasión, no hubo garra, no hubo lucha, no hubo rabia y eso que sabían que un postrero gol del Atleti frente al Málaga (que a punto estuvo de llegar y que una mano fantástica de Willy Caballero convirtió en córner) los dejaba sin Liga y los condenaba a un bochornoso pasillo al campeón en la tarde de hoy.

     Sea como sea, la final es esta tarde y nada vale todo lo hecho hasta aquí: todo lo bueno se puede convertir en nada y todo lo malo puede quedar olvidado. Noventa apasionantes minutos que espero disfrutar tranquilamente en el salón de casa. Al terminar el partido consignaré el nombre del campeón, felicitaré a mis amigos si fue el Barça y pondré una foto del Atleti. Si gana el Barça no hay foto, por ahí no paso.

     Y mañana, hablamos de libros y puede, Dios lo quiera, que también de baloncesto.

   

jueves, 8 de mayo de 2014

Gol de Bale

               
       
     El Real Madrid ganó el pasado Miércoles Santo su décimo novena Copa del Rey. Aunque lo celebré como un niño chico, grité el segundo gol como un poseído y me abalancé sobre Matías y Kevin para comérmelos a besos; no pensaba escribir nada sobre este título. Y no pensaba hacerlo porque el miedo a lo que quedaba pesaba más que la alegría por lo conseguido.

     Cada año hay tres títulos importantes en juego: Champions, Liga y Copa del Rey y, para qué engañarnos, este último es sin duda el menos valioso. Por eso, teniendo en cuenta que en la Liga no dependíamos de nosotros mismos y que nos había tocado el temido Bayern de Pep en semifinales de Champions, era lógico y comprensible que estuviese un poco cagado con lo que se avecinaba.

     Dos semanas después de celebrar esta décimo novena Copa del Rey, mi Madrid le dio un señor repaso a sus dos bestias negras: el Bayern de Munich y Pep Guardiola. Un día después el Atleti de Madrid se deshacía del Chelsea de Mou. Habrá final española en Lisboa. Será la Décima o la Primera. Morbo y mucho miedo a perder, miedo a que gane el otro.

    Ayer, miércoles 7 de mayo, mi Madrid enterraba, con un postrero gol del Valladolid, casi todas sus opciones de luchar por el título de Liga y, lo que es peor, resucitaba al peor Barça de los últimos años y lo convertía en aspirante que depende de sí mismo. Más miedo, mucho miedo. Porque, para que engañarnos, en una temporada en la que el Barça no gana nada, nosotros ya ganamos algo. Ganar la Copa y que el Atleti gane lo demás es malo; pero ganar la Copa y que el Barça gane la Liga y que el Atleti nos gane en Lisboa es pésimo.

     Sería idiota no reconocer que hay miedo y que el miedo conduce a la superstición y que la superstición genera más miedo. Pero también hay que suponer que los demás también tienen miedo, el mismo miedo a perder, miedo a que gane el otro.

     Por eso dando la Liga por perdida y confiando en que los once que jueguen en Lisboa lo hagan de maravilla, desde ahora mismo le doy la espalda al miedo y la superstición, y celebro como se merece la décimo novena Copa del Rey y el majestuoso Gol de Bale que da título a este capítulo futbolero.

     Antes de la fotografía de abajo hay una jugada eléctrica, un contragolpe improvisado, un pase medido de Coentrao y un toque en largo, una falta desesperada, una carrera de vértigo, un persecución inútil y un gol heroico. Vi el gol en directo, en la pantallita de mi ordenador y lo canté y lo salté y besé a mi pequeño Matías que no entendía qué ataque de locura le había dado a su papá y besé a Kevin y me puse a imitar el ratatatá de Sergio Lull.
     Al día siguiente antes de salir para Sjusjøen lo vi y lo vi y lo volví a ver otra vez y se lo enseñé a Erik y Kevin y no descansé hasta que Nathaly también lo vio y, cuando llegamos a la cabaña en Sjusjøen, se lo puse a Martin y lo vi, lo vimos y lo volvimos a ver y todavía no me canso de verlo. Por eso, familiares y amigos íntimos seáis del equipo que seáis mirad el vídeo del gol del Bale y escuchad como lo canta Camacho. Qué maravilla! Mi amigo Fernando me sugirió, vía whatsapp, que le dedicara unas líneas en este cuaderno virtual a los tres últimos goles de Mesi en el Bernabéu; supongo que mi amigo Fernando no dudará en reconocer que, puestos a hablar de fútbol,  este gol de Bale merece mucho más esas líneas.
     Resulta gracioso y un poco esperpéntico que el comentarista de TVE intente justificar el grito de un madridista ante un golazo que vale una décimo novena Copa ante el eterno rival. Camacho no es, no puede ser neutral, aunque su contrato así lo diga, como tampoco lo sería o podría serlo el "Lobo" Carrasco. Y qué bueno que así sea.






                              



      Celebrada como se merece nuestra décimo novena Copa del Rey y el majestuoso gol de Bale, prometo volver a anotar en este cuaderno virtual los resultados de Liga y Champions, sea cual sea el ganador porque, en la euforia de la victoria y en la tristeza por la derrota, hay que saber ganar y perder.
Qué esto no es más que un juego, un bendito juego, pero no más. Y si hay que escribir de los goles de Mesi que pueden valerle una Liga al peor Barça de los últimos tiempos, pues se escribe; y si hay que escribir de la primera Champions del Atleti, pues se escribe también. Pero miedo, quién dijo miedo.